domingo, 17 de enero de 2010

Malditos sin foto

Malditos seáis...que la sangre que riega vuestro cerebro carcomido se convierta en lava hirviendo y que os salga por la cuenca de los ojos como un manantial bendecido por mi, durante un tiempo aproximadamente infinito. Quisiera ver vuestros miembros convertidos en sarmientos resecos, únicamente regados por vuestras lavánicas lágrimas, y que estas hagan surcos en vuestros cuerpos tan profundos como las simas más recónditas de los océanos. Ojala os pudierais pudrir tan paulatinamente que durante millones de años no pudierais contar los trillones de lacras purulentas que inundarían vuestro ser, hasta veros convertidos en la imagen del papel carbonizado. Que vuestros ¡ayes! sean tan largos y lastimeros que el más sordo habitante del universo mas lejano de la tierra tuviera que tapar sus oídos para no volverse loco. Y que, aún en vida, el hedor que despidan vuestros cuerpos sea tan pestilente y repugnante que ni un huracán a mil kilómetros por segundo pudiera paliar en lo más mínimo tamaña podridumbre. Y así crear tan compendio de desagradables sentimientos hacia vuestro ser que todos os quisieran ver muertos como yo. Veros sufrir. ¡Qué bello espectáculo veros reventar, uno por uno, como pompas de jabón humano, salpicando cada nube hasta teñirla de marrón, para que de nuevo cayeran sobre vuestros restos las toneladas de inmundicia anedando mares y montañas!
Lo digo desapasionadamente.
Y ya saben a quién me refiero.
Si no lo saben, mejor no darse por aludido.

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